Por: Bettina Ruiz Spohr
El domingo pasado se clausuró en Madrid la primera edición europea de la competición Solar Decatlon, que como habréis podido saber a través de los medios de comunicación, es un concurso que nació en USA para fomentar la investigación en materia de las casas del futuro construidas según 10 criterios de sostenibilidad con el objetivo de concienciar y potenciar sobre el uso de la energía solar como una alternativa viable para la construcción de casas asequibles. Universidades de todo el mundo han presentado sus proyectos y han sido evaluados según 10 criterios:
- Arquitectura
- Innovación y construcción
- Sistemas solares y agua caliente
- Balance de energía eléctrica
- Condiciones de bienestar
- Funcionalidad de la casa
- Comunicación y sensibilización social
- Industria y viabilidad de mercado
- Innovación y sostenibilidad
El tiempo de montaje del que disponía cada equipo era de 3 días.
La Universidad de Rosenheim (Alemania) propone un diseño espacial interior muy eficiente, a base de paneles movibles, muebles multiuso extraíbles.
Debemos pensar que la previsión de crecimiento de la población mundial hasta 2050 se cifra en 9.000 millones de personas. La falta de espacio, que ya es un tema acuciante, lo será aún más, por lo que la tendencia es hacia casas cada vez más pequeñas. Esto aplicado a la hotelería también es pensar en eficiencia. Mirad e imaginad una cocina.
La arquitectura modular se irá implantando para reducir los tiempos de construcción (de momento el tiempo de fabricación en serie de un módulo con todo su equipamiento de 74 m cuadrados está en torno a 2 semanas y la instalación sobre el terreno en 3 días). Imaginad el potencial de ahorro en la fase de construcción de un hotel.
Veamos también el proyecto de la Universidad CEU de Valencia, llamado SML House, que ha sido la más valorada por el público asistente. Según me comentó Teresa Velasco, una de las estudiantes participantes en el proyecto, miembros del comité olímpico de Río de Janeiro habían intentado negociar con ellos la compra de la patente para la creación de la Villa Olímpica.
Y he aquí la ganadora, el proyecto de la Universidad de Virginia.
Este sería un reclamo para que los inversores hoteleros vayan pensando en este tipo de arquitectura para ser responsables en el diseño, la eficiencia energética, la minimización del impacto en el territorio, ya que con la arquitectura modular no necesitamos modificar el territorio, podemos moverlo de un sitio a otro para aprovechar la temporada alta de cada destino (montaña y playa por ejemplo).
¿Es más caro? La respuesta está en que los proyectos presentados si fueran producidos en serie tendrían un coste entre 200.000 y 600.000 € para 74 m construidos, es decir entre 2.700 y 8100 € por metro cuadrado incluyendo todas las aplicaciones interiores y exteriores, un precio no muy elevado teniendo en cuenta su durabilidad, flexibilidad, rapidez de ejecución de obra, utilización de materiales ecológicos, posibilidad de revender la energía solar sobrante a la compañía eléctrica, etc, etc.
viernes, 2 de julio de 2010
jueves, 1 de julio de 2010
Cómo acabar con la huelga de metro

Cuando el transporte subterráneo se interrumpió, todos tuvimos que viajar por la superficie de la ciudad. Los autobuses viajaban atestados, lo que no resulta cómodo para el viajero. Para empeorar las cosas, los trayectos duraban dos o tres veces más de lo normal, porque los vehículos apenas podían moverse en el gigantesco atasco de tráfico creado por los coches. Aproximadamente un 20% más de coches que en día normal crearon una congestión de tráfico gigantesca. Ese fue uno de los dos días en que aprendimos lo que es la vida sin metro.
Sin entrar en las razones tecnojurídicas y políticosindicales de la huelga del metro de Madrid, parece cierto que la ira de los trabajadores se ha desatado por un recorte de sueldo. Llevamos décadas preconizando la mejora del transporte público, de sus prestaciones, frecuencias y comodidad para los pasajeros. Pero parte de la mejora debería ir también a las condiciones de vida de los trabajadores, y a sus sueldos.
Claro que cualquiera podría pensar que no hay dinero, en estos tiempos de crisis. Además, los mercados financieros vigilan y exigen recortes, temerosos de perder alguno de los miles de millones de euros de beneficio que se echan al coleto cada año. Habrá que buscar dinero en otra parte, y en Madrid –como en cualquier otra gran ciudad– quienes tienen el dinero son los conductores. Mientras que los usuarios del metro o el autobús ocupan menos espacio que una baldosa de chotis y contaminan menos que un mechero, el conductor de automóvil ocupa el espacio de un gran salón y produce contaminantes por toneladas.
Los lujos hay que pagarlos, y la fórmula es bastante sencilla: la tasa de atascos. Coche que quiera entrar en la ciudad, coche que deberá pagar un impuesto, digamos de 20 o 25 euros (al día). Dinero que se podrá emplear, entre otras cosas, para mejorar los sueldos de los trabajadores del metro. Es una solución redonda que mejoraría mucho la vida a los habitantes de Madrid, como ya mejora la vida de los habitantes de Londres y otras ciudades modernas.
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