martes, 28 de diciembre de 2010

28 de diciembre, la degollación de los Santos Inocentes


1. Sube el recibo de la luz, casi un 10%. El Mundo lo achaca a la apuesta por las energías alternativas. Desinforma a conciencia a sus lectores echando la culpa a los paneles fotovoltaicos, "que apenas cubren el 2,5% del consumo eléctrico tota". Y termina exigiendo la inmediata construcción de varias centrales nucleares. Otras razonables medidas del gobierno parecidas a la subida la luz: sube el gas, un 4%, se deja de estimular la compra de viviendas retirando la correspondiente deducción y se elimina la ayuda a la natalidad consistente en el "cheque bebé". Y dos medidas irracionales: la eliminación del último subsidio a los parados y la subida de las tarifas del transporte público.

2. El País publica un eufórico artículo a toda página citando el informe de Red Eléctrica: "Las renovables baten otra marca y ya cubren el 35% de la electricidad" En realidad, las cifras que maneja el IDAE parecen ser incluso superiores, en torno a un 40%. Steven Chu, ministro de energía estadounidense, llama a esto un "momento Sputnik".

3. El Ministerio de Fomento ordena proyectar y construir únicamente aquellos "túneles estrictamente necesarios". Y quien dice túneles dice autovías, viaductos, aeropuertos, etc. Niega sin embargo el ministerio que antes se construyera nada innecesario, sólo dicen que ahora tendrán más cuidado. Los animales, las plantas y los paisajes de España se han sentido muy aliviados.

4. Una muestra de energía gubernamental: se planea suprimir los subsidios estatales a aquellas actividades que dañen la biodiversidad. Si contaminas, no tendrás ayudas. Dando un paso más, se dará dinero a aquellas actividades que no dañen a la naturaleza, a la que ahora se llama "Entidad Proveedora de Servicios Ambientales" (agua limpia, aire puro, etc). Se pone como ejemplo: "Se podría pagar a un propietario para que no tale sus alcornoques". Es decir, el propietario gana siempre: si tala, por la venta del corcho y la madera, y si no tala también. Como las entidades financieras: de enero a enero, el dinero para el banquero.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Las renovables y la República


¿Cómo se las apañaría una sociedad industrializada que de repente se quedara sin combustibles fósiles? La respuesta es interesante porque nos encontramos en pleno barullo energético, entre el cénit petrolero, los conflictos del gas y los impuestos al carbono. ¿Qué ocurriría si mañana nos tuviéramos que apañar sin petróleo, gas ni carbón -ni energía nuclear?

El caso es que tenemos un ejemplo en la reciente guerra civil española. Tres compañías eléctricas suministraban fluido a Madrid en 1936, que contaba con cuatro usuarios principales: el metro, la compañía de tranvías, la industria y los clientes domésticos, que la usaban principalmente para alumbrado. El abastecimiento eléctrico era renovable en un alto porcentaje, pues la luz venía principalmente de varias centrales hidroeléctricas, la más lejana situada en Albacete, y otras en Guadalajara, Valencia y Ávila. El metro y otras empresas grandes tenían centrales propias de carbón en la misma ciudad. Algunas centrales cayeron pronto en manos facciosas, pero el grueso del suministro continuó sin dificultad, al pasar las líneas justo por el corredor que unía a Madrid con el resto de la zona republicana. Las compañías eléctricas lanzaron pronto una tarifa social económica, pues la electricidad, que se usaba en los hogares para poco más que producir luz, era muy cara en relación a la estructura de precios, mucho más que en la actualidad.

La falta de carbón obligó a Madrid a echarse en brazos de las energías renovables: la madera de bosques y parques se aprovechó y esquilmó intensivamente, y llegó un momento en que la ciudad comenzó a devorarse a sí misma, cuando millares de personas se dedicaron a arrancar y hacer astillas cualquier pedazo de madera que pudieran encontrar en edificios o viviendas abandonadas o bombardeadas. Al cabo, agotados todos los recursos, la gente se volvió a la electricidad para obtener calor. Las estufas y hornillos eléctricos se llevaban vendiendo décadas, pero eran todavía una rareza. Para cocinar y calentar agua había desde las grandes cocinas de carbón, mineral o vegetal, capaces de caldear toda una casa, a hornillos más pequeños que se podían alimentar casi de cualquier cosa. Las grandes casas del barrio de Salamanca tenían calefacción central por caldera de carbón, una curiosidad en el resto de la ciudad, donde se pasaba el invierno a base de braseros y pequeñas estufas. El gas ciudad también alimentaba buen número de hogares, pero necesitaba carbón para ser fabricado.

En pocos meses se vendieron en Madrid decenas de miles de cocinillas eléctricas, que la industria local improvisó a toda velocidad con los cada vez más escasos materiales que pudo encontrar. Hasta un total de 100.000 resistencias sustituyeron al antiguo y ahora inútil parque de cocinas de combustión. Teniendo en cuenta el impresionante aumento de demanda que esto originó, el suministro eléctrico siguió funcionando con bastante eficacia, aún completamente sobrecargado. El voltaje tuvo que ser paulatinamente reducido para repartir el escaso recurso entre una creciente demanda, y hacia el final de la guerra la corriente apenas transportaba la energía suficiente como para poner de color naranja el filamento de una lámpara. La gente ponía los 50 gramos de lentejas del racionamiento en un puchero colocado toda la noche sobre el macilento hornillo, con la esperanza de que al día siguiente el calor hubiera ablandado las legumbres como para poder comerlas. Una fuerte sequía en la segunda mitad de 1938 empeoró todavía más las cosas. Pero el sistema siguió funcionando y manteniendo con vida a la ciudad.

martes, 21 de diciembre de 2010

Julio Verne y el Peak Oil


El famoso Pico Máximo del petróleo puede estar ocurriendo ahora mismo. Ese momento cumbre de la humanidad coincide con el día en que la extracción de petróleo iniciará un declive irreversible. A continuación, cada año se sacará menos petróleo de la tierra, hasta que algún día se dejará de extraer por completo (tal vez un poco para usos medicinales). Los gobiernos y los Mercados tiemblan ante la perspectiva de un mundo frío y desolado, huérfano de petróleo.

Este punto de vista recuerda las preocupaciones de los cocheros de Londres en el siglo XIX acerca de si la acumulación de estiércol de caballo llegaría a ser tanta que acabaría enterrando la ciudad. Alguien inventó el taxi y el problema se solucionó. Pues ahora pasa lo mismo: el mundo está enterrado hasta las cejas en estiércol de petróleo, es decir, CO2, contaminación, y cosas así.

Pero hace mucho que se inventó la solución, que se llama electricidad de origen renovable. Si nuestros antepasados de finales del siglo XIX comprobasen que nuestro mundo sigue dominado todavía por los motores de explosión y los combustibles fósiles, quedarían asombrados. En tiempos de Julio Verne, se daba por sentado que la limpia y versátil electricidad proporcionaría toda la energía necesaria para movernos, calentarnos e iluminarnos. Un siglo y cuarto después, todavía estamos esperando.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Los adaptacionistas


Un gran suspiro de alivio recorre el mundo petrolero: podremos seguir lanzando CO2 a la atmósfera todo el tiempo que nos de la gana, en la cantidad que queramos. Lo único que tenemos que hacer es adaptarnos a las consecuencias del cambio climático. Un ejemplo sencillo ilustrará esta cuestión. Podemos gastar mucho dinero en crear una economía baja en carbono, es decir, que abandona el petróleo en favor de las energías renovables... o bien gastar poco dinero en reforzar los diques que nos protegerán de la subida de las aguas causada por el calentamiento global (parece ser que la desastrosa experiencia de Nueva Orleans ya se ha olvidado por completo).

Este punto de vista extraordinariamente optimista está respaldado por importantes organizaciones, como el recién creado Instituto de Adaptación Global. Sus argumentos se pueden resumir así: "sigamos quemando petróleo, que ya se nos ocurrirá algo". Otro ejemplo muy interesante es el de los híbridos entre osos grizzly y osos polares, llamados grolares. Los grolares parecen ser una consecuencia de la huída hacia el sur de los osos polares, a los que el calentamiento global ha dejado sin un mal témpano sobre el que poner las zarpas. Un negativa consecuencia más del cambio climático. Pero los adaptacionistas tienen un punto de vista muy distinto sobre este caso: la naturaleza también se amolda al cambio climático, dándonos tres especies de osos donde antes teníamos solo dos. Otra beneficiosa consecuencia de la quema de los benditos hidrocarburos, junto con el humo, las enfermedades y los accidentes.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Futuro perfecto


"Las casas serán inteligente. Las energías, renovables. Los coches, eléctricos. Y las Réflex serán como ésta." Dice un anuncio de Sony sobre la foto de una cámara con un aspecto imponente. Mientras tanto, la cumbre climática de Cancún se arrastra en medio de un gran vacío informativo, pues los expertos ya solo discuten si serán un fracaso clamoroso o un fracaso a secas. No obstante lo anterior, la tonelada de CO2 se sigue cotizando, y puede que se ponga en unos 25 $, que ya es dinero. El precio de la gasolina, secular pesadilla de los ricos (o ex-ricos) ciudadanos de occidente, está repuntando a niveles de antes de la crisis, amenazando la recuperación económica, como es natural.

Mercedes lanza al mercado un coche eléctrico con 255 km de autonomía, pero no echen las campanas al vuelo, pues es solo un simulacro con una tirada de 500 ejemplares. Servirá para demostración. Los coches eléctricos pululan en los periódicos y medios de comunicación, pero nadie ha visto nunca jamás uno de verdad por la calle. Claro que esto puede cambiar: altos precios de la gasolina convierten el bajo precio del combustibe del coche eléctrico en un argumento de mucho peso. Hay que tener en cuenta que en 2020 habrá 1.600 millones de vehículos, el doble que hoy en día. 800 millones más de coches de gasolina no hay planeta que lo resista: otro argumento a favor del coche eléctrico.

El gobierno español , un notorio criminal climático hasta hace poco, saca ahora pecho en Cancún y aboga por una rebaja del CO2 de un 30%, no del 20% previsto inicialmente. Esto se puede hacer por la impresionante reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en los últimos tres años, gracias principalmente al crecimiento de las renovables. De manera que ya solo queda que las casas sean inteligentes para que se cumpla la profecía de Sony. La Réflex del anuncio, desde luego, ya está disponible.

jueves, 2 de diciembre de 2010

A la cola de Europa, otra vez


En medio del vendaval de horrendas noticias económicas que nos azota, hay algunas noticias no tan malas. Una de ellas es que España se está colocando a la cabeza de los grandes países europeos en materia de abastecimiento renovable de energía. Otros países europeos tienen mejores cifras, singularmente los escandinavos gracias a la hidroelectricidad, pero el Reino de España tiene el mejor porcentaje de uso de energía sostenible de los seis grandes países de la UE (Alemania, Reino Unido, Italia, Francia y Polonia).

Las peores cifras las tienen Polonia y Reino Unido, con un porcentaje cinco veces menor de energía verde. Italia está en un 50%, y sólo Alemania y Francia se acercan a los indicadores españoles. Pero el país galo tiene un enorme parque nuclear que limitará sus avances en esta campo, de manera que es Alemania el único país grande de la UE que, junto con España, está haciendo un esfuerzo serio por poner en marcha una cesta energética con buena participación de las energías renovables.

Otro país de recogedores de aceitunas, Portugal, ha experimentado en los ultimos años un impresionante aumento en el uso de energías renovables. También Lusitania está en el punto de mira de los famosos Mercados Financieros, que ponen en duda el valor de su economia fustigando su deuda soberana. Tal vez alguien debería tener en cuenta otros elementos más duraderos y sostenibles de la economía, como su porcentaje de uso de combustibles verdes, en lugar de obsesionarse con el diferencial con el bono alemán.